Marbella como ciudad y la consolidación de su fisonomía se inicia durante la dominación musulmana de Al Andalus, con su particular configuración urbanística y arquitectónica. Hasta entonces, existieron enclaves de diversos pueblos (visigodos, romanos, vándalos, bizantinos) que, tras su abandono, desaparecieron, como demuestran diversos aunque escasos restos arqueológicos.
Son importantes los vestigios de la presencia de Roma en el asentamiento fortificado en la calle Escuelas, en el Casco Antiguo, donde aún se pueden contemplar la muralla de sillares y los tres capiteles jónicos incrustados en ella.
En 711, musulmanes comandados por Al-Tarik entran en España por un lugar que homenajearía su nombre: Tarifa. La proximidad geográfica de dicho paraje con Marbella explica la rápida llegada de los árabes a los pocos años. La construcción del castillo o alcazaba fue su obra más importante.

Debido a su función militar, hubo de ser remodelada en la época nazarí con un cercado amurallado alrededor de la medina o ciudad. Ese trazado delimita en la actualidad lo que hoy es el Casco Antiguo histórico, cuyo perímetro lo conformaban las calles del Peral y Portada al norte, Huerta Chica al oeste, desde Fortaleza a la calle Muro al sur, y Arroyo de la Represa al este.

En 1485, los musulmanes rinden las llaves de Marbiliya a los Reyes Católicos, quienes conceden a Marbella el título de Ciudad, muy noble y muy leal. Es la época en que se refuerzan el castillo, la cerca y las torres-vigía. A partir de entonces, se comienza a dotar de inmuebles a las instituciones religiosas, que se fundan como paradigma de la nueva doctrina. De tal modo, hoy contemplamos la Ermita de Santiago, el Convento de la Trinidad, el Hospital de San Juan de Dios, la iglesia del Santo Cristo y el Hospital de Bazán.
En aquella época, Marbella estaba defendida por un recinto amurallado en torno el núcleo urbano: Al norte, el Castillo, con su ciudadela y tres torres (Santa Catalina, con su puente levadizo, el Chorrón y el Cubo); al sur, la torre de la Vela; al este, la torre Nueva; y al oeste, la torre del Fixo.
Se salía o entraba a la ciudad por tres puertas: al noroeste, por la de Ronda (hoy plaza del Puente de Ronda), llamada así por ser el inicio del camino al pueblo del mismo nombre, y futura calle Ancha; al sur, por la Puerta del Mar (su situación actual aproximada sería la plaza de José Palomo) y al este, por la Puerta de Málaga (hoy plaza del Puente de Málaga), donde empezaba el camino a la capital de la provincia.
El siglo XVI fue un periodo de gran expansión urbanística, como revela el nuevo trazado de sus calles para hacerlas más transitables, obra en la que destaca la hoy emblemática plaza de los Naranjos y la la calle Nueva, que unía ésta con la Puerta del Mar.
Dentro del recinto amurallado la población se repartía en cuatro núcleos o barrios: en el centro, la antigua Medina, y rodeado a ésta, los de Puerta del Mar de Pedraza y del Castillo. El trazado urbano, con 44 calles estrechas, 4 plazoletas y una plaza, se conserva, con ligeras variaciones, en la actualidad.

Estas calles llevaban –y llevan- nombres de personajes de la conquista:
Mendoza, Buitrago.
De nativos insignes:
Alderete.
Otros que reflejaban el espíritu religioso imperante:
Remedios, Virgen de los Dolores, Cruz, Trinidad, Caridad, Misericordia, Gloria, Soledad.
O simples apelativos referentes puestos por el común de las gentes, expresiones sencillas como:
Pasaje, Panadería, Nueva, Álamo, Viento, Apartada, Muro, Pelleja, de los Caballeros (donde se ubicaban grandes mansiones).
Durante el siglo XVII, Marbella sale de sus muros y comienza a desarrollarse hacia el Norte, con la antes citada calle Ancha como eje central. Un siglo más tarde, y hacia el Este, lo hará el Barrio Nuevo (conocido hoy popularmente como El Barrio) alrededor del viejo Camino de Málaga (actual calle Málaga), donde se encuentra la Cruz del Humilladero, aquella bajo la cual Fernando el Católico rindió gracias a Dios por la conquista de Marbella, el día 11 de Junio del año 1485.